jueves, 24 de junio de 2010

El misterio de la vida, la muerte y "todo lo demás".


Desde el principio de los tiempos, desde que el hombre se irguió y comenzó a ser consciente de lo que les ocurría a sus congéneres que “dejaban de moverse” durante demasiados días, una pregunta ha atormentado al ser humano “¿existe vida después de la muerte?”.Y la respuesta es simple, “no”. Y es que no hay razón lógica o empírica para creer lo contrario. Pero el ser humano, en su enorme egocentrismo es incapaz de asumir que sólo es una minúscula hormiga en la infinita colonia del tiempo y el espacio. Sólo un pequeño numero decimal, del cual tras su desaparición, generalmente no quedará la más mínima huella.
Y ahí toman lugar las religiones, dispuestas a dar toda clase de explicaciones mitológicas sin base alguna, que ayudarán a tener al ganado controlado, y tranquilo. Meras herramientas de control, muletas para sujetar a los débiles. Supongo que para muchos, la incertidumbre sobre qué les va a pasar, o precisamente el saberlo con certeza, les sería insoportable. Y sinceramente, envidio a estos corderos. Por que cuando un alma escéptica intenta imaginarse como será la ausencia de vida, le invade una sensación de desasosiego, de vacío interior, que resulta insoportable. Tendemos a imaginarlo como el negro absoluto, y la infinidad del tiempo, cuando en realidad sólo habrá ausencia de todo, como cuando tras una gran borrachera nos quedamos dormidos, casi semi-inconscientes, solo que sin despertar con resaca…
Me gusta la explicación que plantea la película Waking Life (muy recomendable), que dice que cuando morimos, antes de que nuestro cerebro deje de funcionar, nos sumimos en un estado de sueño, durante unos segundos. Pero que para nosotros puede durar años, e incluso indefinidamente, debido a la relatividad del tiempo en el mundo de los sueños. Y que ni siquiera sabemos que hemos muerto. Es una explicación bastante aceptable desde el plano de la lógica, pero me sigue pareciendo una visión demasiado romántica.

De todos modos, esto no debería entristecernos, ni hacer que nos sentemos en un rincón a llorar y lamentarnos, al contrario. Debería invitarnos a vivir, a experimentar todo lo posible, exprimir la vida, bebernos su zumo y comernos su cáscara. Salir ahí fuera e intentar pasar el máximo número de segundos sintiéndonos bien, para que así, cuando estemos en nuestro lecho de muerte, esperando nuestro último estertor, temerosos de lo que nos espera, podamos sonreír y pensar que hemos vivido sin motivos para arrepentirnos.

R.Elmaldito Dijo, el 07-08-09

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